Bajo la tierra que rodea al Alerce Abuelo, un árbol milenario de más de 2.400 años que crece en el Parque Nacional Alerce Costero (Región de Los Ríos), vive una comunidad de hongos extraordinariamente rica y diversa. Tan diversa, que la cantidad de especies fúngicas encontradas en el suelo bajo ese árbol es más del doble que en el resto del bosque. Eso es lo que acaba de revelar un equipo internacional de investigadores, en un artículo publicado en la revista científica Biodiversity and Conservation.
Fotografía encabezado: Copa del Alerce Abuelo, Patagonia, Chile.
Crédito: Rocío Urrutia.

Fotografía: Copa del Alerce Abuelo, Patagonia, Chile.
Crédito: Rocío Urrutia.
El estudio, liderado por Camille Truong y Adriana Corrales de la Society for the Protection of Underground Networks (SPUN), con la participación de la Dra. Rocío Urrutia de LiLi, analizó las comunidades de hongos del suelo en un bosque de Alerce (Fitzroya cupressoides) del Parque Nacional Alerce Costero. El Alerce es el segundo árbol más longevo del planeta, y uno de los más altos de Sudamérica. Pero esta especie, en peligro de extinción y emblemática del sur de Chile, no sólo acumula siglos bajo su corteza: también acumula vida bajo sus raíces.

Infografía Alerce Abuelo, primera parte
Los árboles grandes
Hace décadas que los científicos saben que los árboles viejos y de gran tamaño tienen un rol desproporcionado en los ecosistemas: almacenan más carbono, sustentan más interacciones bióticas, y dan forma a los bosques que los rodean. Pero lo que este nuevo estudio viene a demostrar es que ese papel también se extiende al mundo subterráneo, y en particular a los hongos del suelo, un grupo de organismos fundamental para la salud del ecosistema.
El equipo de investigación recogió muestras de suelo bajo 31 individuos de Alerce de distintas edades y tamaños —desde renuevos hasta el propio Alerce Abuelo— y analizó su diversidad fúngica mediante técnicas de metabarcoding de ADN. Esta técnica se basa en tomar una muestra de suelo y analizar todo el ADN de la muestra, luego, dado que cada especie tiene una secuencia de ADN única, a través de computadores y bases de datos se pueden comprar las secuencias e identificar las distintas especies presentes.
Los resultados fueron contundentes: a mayor diámetro del árbol, mayor diversidad de hongos en el suelo. Y el Alerce Abuelo, con casi 5 metros de diámetro, mostró una diversidad espectacular, albergando 361 especies de hongos únicas que no se encontraron en ningún otro punto del bosque.
“Los árboles de gran diámetro, como el Alerce Abuelo, pueden actuar como especies paraguas para los hongos del suelo y los hongos micorrícicos, protegiendo así a estas comunidades fúngicas de cara a los esfuerzos de restauración forestal del futuro”, describen los autores en el paper.
Además, posee adaptaciones notables para sobrevivir en ambientes fríos: durante el invierno entra en hibernación por varios meses, reduciendo drásticamente su metabolismo para soportar las bajas temperaturas.
Una simbiosis invisible: los hongos micorrícicos y el Alerce
Los hongos del suelo no son sólo descomponedores de materia orgánica. Muchos de ellos forman asociaciones simbióticas íntimas con las raíces de los árboles, denominadas micorrizas. En este tipo de simbiosis, el hongo se asocia a las células de la raíz y facilita al árbol la absorción de nutrientes —especialmente fósforo— a cambio de azúcares. Es una transacción química que ocurre en silencio, a escala microscópica, y de la que depende en gran medida la supervivencia de los árboles en suelos con bajos nutrientes.
El estudio encontró que la riqueza de hongos micorrícicos también fue significativamente mayor bajo los árboles de mayor tamaño, y hasta 1,75 veces más alta bajo el Alerce Abuelo que el promedio del bosque. Esto sugiere que, durante sus milenios de vida, el alerce ha ido acumulando y seleccionando una diversa comunidad fúngica, que contribuye a su longevidad y resiliencia.
Un dato que llamó la atención de los investigadores fue que el nutriente que mejor predijo la composición de la comunidad fúngica fue el fósforo disponible en el suelo: a menor fósforo, mayor diversidad de hongos micorrícicos. Esto tiene sentido en los suelos de bosques en la cordillera de la Costa, caracterizados por ser extremadamente bajos en nutrientes debido a las lluvias intensas que lixivian los minerales. En ese contexto de escasez, los hongos micorrícicos son aliados indispensables para que el árbol acceda al fósforo que necesita para sobrevivir.

Infografía Alerce Abuelo, segunda parte
En peligro
El Alerce figura en la lista roja de la UICN como especie En Peligro (EN), y sólo el 40% de su distribución se encuentra dentro de áreas protegidas. Hoy enfrenta amenazas concretas: la tala ilegal, la fragmentación del hábitat por proyectos de infraestructura vial, y el aumento de incendios forestales asociados al cambio climático. En 2023, la propia Urrutia-Jalabert publicó en la revista Science una alerta sobre cómo los planes de expansión caminera del Estado chileno amenazan directamente los bosques de Alerce.
Este nuevo estudio añade un argumento más a la lista de razones por las que proteger al Alerce y sobre todo a aquellos individuos milenarios, es urgente. No se trata sólo de conservar un árbol antiguo o un símbolo natural: se trata de conservar toda una red de vida subterránea que tomó milenios en construirse y que no puede replicarse fácilmente.
“La pérdida de diversidad fúngica en el suelo puede tener efectos negativos en cascada sobre la diversidad de plantas y la multifuncionalidad del ecosistema”, advierten los autores.
El Alerce Abuelo: más que un récord de longevidad
El Alerce Abuelo es uno de esos seres que desafía la comprensión humana del tiempo. Con sus más de 2.400 años, ha sobrevivido erupciones volcánicas, glaciaciones menores, conquistas y devastaciones. Y bajo sus raíces, como demostró este estudio, ha ido tejiendo silenciosamente una red fúngica única en el mundo.
Para los investigadores, ese árbol no es sólo un récord biológico. Es un laboratorio vivo, un archivo natural y un refugio de biodiversidad que todavía tiene mucho que enseñarnos sobre cómo funciona la vida en la Tierra.

Fotografía: Tronco Alerce Abuelo, Patagonia, Chile.
Crédito: Rocío Urrutia.
Referencia: Truong, C., Corrales, A., Manley, B. et al. (2026). Large-diameter trees disproportionately contribute to soil fungal diversity in a coniferous forest with one of oldest living trees on Earth. Biodiversity and Conservation, 35, 94.