El entramado oculto bajo los bosques de lenga

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Una investigación chilena publicada en la revista ISME Communications (Oxford University Press) reveló un fascinante entramado oculto bajo los bosques de lenga en la Patagonia: una red de hongos que se asocia a las raíces de los árboles y que cumple un papel esencial en su supervivencia frente al frío extremo.

Fotografía encabezado: Investigadores en terreno, Chile.
Crédito: Luis Saona.

El estudio, liderado por Luis A. Saona y Francisco A. Cubillos de la Universidad de Santiago de Chile, junto a un equipo interdisciplinario del Núcleo Milenio Lili y otras instituciones nacionales, analizó cómo varía la diversidad de hongos en los suelos donde crece la lenga (Nothofagus pumilio). Esta especie, un verdadero símbolo del sur de la cordillera de los Andes, es capaz de tolerar bajísimas temperaturas, creciendo incluso en el límite arbóreo de los bosques patagónicos, allí donde la montaña le dice a los árboles “de aquí no pasarás”.

Para entender mejor estas comunidades invisibles, los investigadores se adentraron en los bosques patagónicos. Recolectaron más de 140 muestras de suelo en cuatro localidades del sur de Chile —Nevados de Chillán, Villarrica, Antillanca y Coyhaique—, tanto en el límite superior del bosque como 200 metros más abajo, y en las cuatro estaciones del año. Luego, mediante técnicas genéticas y bioinformáticas, crearon un “mapa” de los hongos presentes en la zona que rodea las raíces, conocida como rizósfera: una franja del suelo donde plantas y microorganismos interactúan intensamente, intercambiando nutrientes y ayudándose mutuamente a sobrevivir. 

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Fotografía: Muestras, Patagonia, Chile.
Crédito: Luis Saona.

Los resultados fueron reveladores y mostraron dos estrategias de vida muy diferentes. 

En los meses más fríos y en las zonas más altas y australes —donde la nieve y el hielo dominan el paisaje—, los científicos encontraron un claro predominio de hongos “socios” o simbióticos (Ectomicorrizas), especialmente del género Cortinarius.

La simbiosis, ocurre cuando ambos organismos se benefician: los hongos reciben azúcares del árbol y, a cambio, actúan como una extensión de las raíces, ayudándolas a captar nutrientes clave como el nitrógeno, favoreciendo su crecimiento y resistencia.

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Fotografía: Investigadores en terreno, Patagonia, Chile.
Crédito: Luis Saona.

En cambio, durante las estaciones más cálidas —primavera y verano— y a menor altitud, el escenario cambia. Dominaron los hongos “recicladores” (saprótrofos), el equipo de limpieza del bosque. Ellos se dedican a descomponer materia orgánica como hojas secas y troncos caídos, devolviendo los nutrientes al suelo manteniendo fértil el ecosistema.

El trabajo sugiere que estas comunidades microbianas podrían actuar como “sensores biológicos” o bioindicadores del cambio climático. Su composición y abundancia son un reflejo directo de  la temperatura, la altitud y la estación. En otras palabras, observar qué hongos dominan el suelo podría darnos pistas tempranas sobre cómo los bosques están respondiendo al calentamiento global.

Más allá de ampliar el conocimiento sobre la ecología de los bosques subantárticos, esta investigación abre nuevas preguntas: ¿qué papel cumplen los hongos en la expansión o el retroceso del bosque ante el cambio climático? ¿Y hasta qué punto sostienen la vida en los límites donde la vegetación apenas puede sobrevivir?

El estudio fue financiado por ANID, a través de proyectos FONDECYT y del Programa de Iniciativa Científica Milenio, junto a otros fondos nacionales de investigación.

Referencia: Saona L.A., Oporto C.I., Villarreal P., Urbina K., Correa C., Quintero-Galvis J.F., Moreno-Meynard P., Piper F.I., Vianna J.A., Nespolo R.F., Cubillos F.A. (2025). High ectomycorrhizal relative abundance during winter at the treeline. ISME Communications, 5(1), ycaf010. DOI: 10.1093/ismeco/ycaf010